"Quiero ser aviador o periodista"

Gerardo tiene 14 años, pero parece de 12 por su complexión delgada y estatura baja. Estudia el segundo grado de secundaria y quiere ser [...]

Claudia Ocaranza Abascal, Gerardo E. Hernández / Fundación Mepi

Gerardo tiene 14 años, pero parece de 12 por su complexión delgada y estatura baja. Estudia el segundo grado de secundaria y quiere ser aviador o reportero, pero su realidad escolar lo podría marcar de forma diferente.

Su escuela ubicada en la zona conurbada al sur de la Ciudad, de clase media baja* está sobrepoblada, no tiene buena infraestructura y aglomera a niños y niñas repartidos en el turno vespertino y en el matutino.

El miedo es una constante en su escuela, Gerardo dice que es muy violenta. Él y sus cinco amigos se protegen moviéndose en grupo desde las aulas a los pasillos y los baños. Recuerda golpes, robos e insultos. Uno de sus amigos ya ha tenido el ojo morado y otro terminó con una bola en la espinilla después de ser pateado.

Los estudiantes que reparten la violencia están en al menos tres pandillas, OMA, PTU, OBT**. “Nunca nos han dicho que significan las iniciales”, cuenta Gerardo. Estos mismos niños son los que toman cervezas y bebidas energetizantes, las hacen pasar por agua en botellas durante las clases.

“Roban mucho en la escuela”, dice Gerardo, al relatar cómo, a pesar de que todos saben quiénes son los rateros, nadie dice nada, pues no se atreven a enfrentar a esas pandillas.

Un miércoles Gerardo fue la víctima, “no era mucho dinero el que me robaron, pero representaba mi pasaje de casa al trabajo de mi mamá”, explica Gerardo. No quedo más para él que resignarse.

No es sorpresa que nadie castigue a los que roban, con la sobrepoblación que hay es poco probable que pongan atención a todos. En el salón de Gerardo hay 46 estudiantes que son responsabilidad de un solo profesor. Esta cifra duplica el promedio que la OECD indicó en 2009, donde México erróneamente reportó que sus escuelas tenían 20 estudiantes por salón.

Estudios internacionales indican que un niño tiene más probabilidad de aprender cuando las clases son pequeñas, de no más de 20 estudiantes. Entonces, ¿qué clase de educación está recibiendo Gerardo?

Gerardo admite que no es el mejor de la clase, aunque está dentro de los primeros diez. Su ortografía no corresponde a la de un chico de secundaria, y tampoco le gusta leer, aunque ya tiene un perfil en Facebook.

Como cualquier niño de 14 años tiene las mismas inquietudes. “No tengo novia, porque te piden muchas cosas, ositos que les compren, y la comida no es nada barata. Las palomitas cuestan 12 pesos y los chetos 5 pesos”.

Para reducir costos, Gerardo y sus amigos llevan comida que comparten en el receso, además él está consciente de que la comida que venden en la tiendita de la escuela es chatarra y cara. “Toda la comida es de chatarra. 25 pesos diarios para comer en la escuela. Las tortas son un pedacito de jamón y queso y cuestan 15 pesos”, se queja Gerardo.

¿Qué provecho puede sacar Gerardo de la escuela? No mucho. “Cuando no viene una profesora, no ponen otra. Nos dejan en el salón y ponemos la televisión”, esto resulta aburrido y de poco aprendizaje para los alumnos.

La escuela ya tiene definido el futuro de Gerardo, su profesor del taller de electricidad les explicó cómo pueden ganarse la vida si aprenden bien el oficio. Gerardo todavía quiere ser aviador o periodista.

*No se menciona el nombre por seguridad de Gerardo.

**Las iniciales han sido cambiadas.

Publicado por la Fundación MEPI.

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