El final de la especialización (tramo de una investigación en proceso)

En la tercera parte del siglo XIX, Emile Durkheim previó lo que sería la piedra angular de las profesiones del capitalismo: la especialización y la adquisición de destrezas específicas para la administración, la conducción de la economía, la política y las instituciones sociales. Las profesiones que moldeó el capitalismo en su larga etapa de expansión como sistema mundial se caracterizaron por su énfasis en el perfeccionamiento de habilidades basadas en conocimientos cada vez más profundos y, a la vez, estrechos. De profesiones antiguas de conocimientos generales, la civilización occidental hizo “piezas” cada vez más delimitadas a pocas actividades.
Por ejemplo, se acabó el médico de tradición, el consejero familiar, el guardián de la salud y enmendador de entuertos y enfermedades, que poseía un cúmulo amplio de conocimientos; aquel que al escuchar las palpitaciones, mirar a los ojos, escudriñar en la lengua o palpar el cuerpo con las yemas de sus dedos, descifraba los padecimientos de las personas que acudían a él. Después, mediante un complejo proceder en su cerebro, combinaba los síntomas con los signos de la enfermedad, recordaba las clases de farmacología y en su recetario escribía unas fórmulas con una caligrafía horrorosa, que sólo un boticario perspicaz podía dilucidar. Su lugar fue ocupado por médicos especialistas que para hacer un diagnóstico requieren exámenes de laboratorio, placas de rayos X o tomografías u otro análisis, que se hacen con tecnología compleja. Los médicos de hoy se adscriben a instituciones, donde rigen las rutinas burocráticas y los cuadros básicos.
Los catálogos de especialidades médicas se actualizan a cada rato. Hay médicos que atienden a pacientes por edades o por género y todavía hay campos más específicos; verbigracia, pediatras, cirujanos, oftalmólogos, oncólogos y otras especialidades.
Algo parecido sucedió en otras profesiones cuya especialización exigía dominio de técnicas concretas, cada vez más profundas y un campo de acción más delimitado. Con todo y que sufrían contradicciones, en términos generales, las profesiones fueron funcionales al capitalismo estandarizado, que exigía que la generación de conocimiento científico y tecnológico estuviera en correspondencia con el modelo general de desarrollo. Mas el mundo cambió. Los patrones de desempeño profesional se modifican cada día; hoy, la ciencia y la tecnología avanzan a pasos rápidos, la vigencia de los conocimientos abarca lapsos más cortos y, en consecuencia, lo que se aprende pierde utilidad con mayor frecuencia.
En este mundo la especialización deja de tener sentido, las profesiones estrechas ya no son funcionales, la división del trabajo en la sociedad (Durkheim dixit) sufre cambios irrefrenables, la especialización se transforma en una rémora.
En lugar de profesiones estrechas y de mayor especialización, el porvenir demanda profesionales de nuevo tipo, que posean atributos personales tales como iniciativa, independencia de criterio, espíritu innovador, autoestima y que no se restrinjan a la práctica de una ocupación. En esencia, en lugar de destrezas concretas y precisas, los profesionales del futuro requieren habilidades en diversas áreas sustantivas, como en la adquisición de lenguas, la capacidad de trabajar en equipo, actuar en situaciones de cambio tecnológico brusco, manipular símbolos (en lugar de aprenderse fórmulas) y analizar situaciones de metamorfosis sociales y políticas en otras partes del planeta, pero que afectan al país. En otras palabras, se demanda que los profesionales sean polivalentes (con todo y que esta palabra no me guste), que se puedan adaptar a circunstancias de cambio acelerado y ser más productivos que en el presente.
Ante la emergencia de nuevas fuerzas productivas y métodos de producción de bienes y conocimientos, México no cuenta con las instituciones que se encarguen de preparar a esos profesionales, que comiencen a formar los currícula del porvenir inmediato, que se echen a cuestas la misión de pensar acerca del mañana y de lo que nos espera en un mundo cambiante, la globalización.
Un desafío que espero tengan presente quienes pronto asumirán el gobierno. Digo, si es que piensan en el futuro.
*Académico de la UAM
Artículo publicado en el periódico Excelsior.






