Que alguien me explique… ¡por favor!

Hace unos días, en la videocolumna de Manuel Gil, “La educación debe ser gratuita… no barata”, con la claridad que acostumbra nos explicaba que gratuito es lo que no cuesta, que si cuesta un peso entonces es barato; pero si la “inscripción” a la Escuela Pública cuesta $1,200.00 ó $1,500.00 y –siguiendo con sus argumentos– además hay que sumar los uniformes, los útiles escolares, los pasajes a diario de dos combis a la ida y dos a la vuelta de la mamá y la hija, entonces ya no podemos decir que es barata, sino que es cara; pero además se antoja como una burla al artículo tercero constitucional, ¿o no?
No estoy haciendo cálculos aproximados, se trata de una serie de hechos reales que me ha tocado conocer de cerca: además de la “inscripción” de $1,200.00, a la hijita de la señora que trabaja en mi casa, haciéndose cargo de las labores domésticas, le han asignado una primaria que está en otra colonia, a la que para llegar desde su casa hay que tomar dos combis. Ellas viven en el Estado de México, en Lomas Verdes y, según me cuenta, hay 5 ó 6 escuelas en su colonia, entonces ¿por qué mandaron a la niña tan lejos?
La pequeña va a primero de primaria así que, sin necesidad de entrar a explicar las razones, descartamos la posibilidad de que viaje sola a la escuela (y ahorrar así en los pasajes de la mamá). Aquí vuelvo a coincidir con Manuel Gil para argumentar en favor de su crítica al Partido Verde, cuando afirma que no tiene autoridad moral para rasgarse las vestiduras por las cuotas escolares en sus promocionales para las elecciones. Hoy es claro: ya ganaron sus socios, ahora lo que toca es lo de siempre, seguir aprovechándose de los que menos tienen, de quienes no se atreven a levantar la voz porque, aunque conozcan sus derechos, tienen miedo de perder lo poquito que de ellos les dejan. Una “inscripción” de 1,200.00 es más que una cuota, es la evidencia vergonzosa de una de las muchas mentiras con las que este partido político, pretendió (y por lo visto consiguió) que sus socios lleguen al poder.
Añado algunos datos más para la reflexión, la indignación y, sobre todo, para la acción: la distribución de las escuelas fue notificada sólo tres días hábiles antes del inicio del ciclo escolar, en una estupenda maniobra de coordinación estratégica; el caso que relato no es el único, al parecer muchas más niñas y niños se quedaron sin lugar en la escuela cercana a su casa. La mayoría, si no es que la totalidad de las mamás, trabajan fuera de casa (doble jornada) y, entre las muchas estrategias que desarrollan para poder cubrir los dos frentes está la de tejer redes de apoyo entre ellas, de manera que se coordinan para llevar y recoger a los y las niñas, porque se conocen de toda la vida, viven cerca, porque saben quiénes son y confían unas en otras.
Me puedo imaginar a la pequeña María, al pequeño Juan, y a tantas otras niñas y niños, entre ilusionados y temerosos por el inicio de la etapa escolar (que para muchos de ellos y ellas será la más importante, entre otras razones, porque quizás sea la única), por una parte entusiasmados porque “ya son grandes”, por otra, temerosos ante lo que vendrá; un cambio siempre provoca inquietud… pero resulta que la escuela, que podría y debería (sobre todo en esos primeros años), formar parte de un entorno cercano, conocido, está re lejos y así, antes de empezar, comienza a alejarse en todos sentidos…
¿Por qué ese empeño infatigable en complicarle la vida a quienes la tienen de por sí difícil?
¿Cómo leer y comprender el significado y el sentido del artículo tercero de la Constitución?
Cuando los señores que saben de educación hablan de calidad ¿se refieren exclusivamente a los porcentajes de su prueba ENLACE?
¿Habrá forma de que entiendan que calidad en educación implica mucho más que esas y otras puntuaciones?
Que alguien me explique… ¡por favor!
Magda Riquer Fernández
Académica
Posgrado en Humanidades y Ciencias Sociales
Universidad Autónoma de la Ciudad de México
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