Último tramo

El Presidente podría hacer caso a la demanda de la Coalición Ciudadana por la Educación y derogar el reglamento de las condiciones [...]

El lunes pasado comenzaron las clases; la última inauguración de cursos que celebra este gobierno. Académicos y periodistas cruzan apuestas acerca del futuro de la educación. Unos se preocupan por lo que pasará en el siguiente gobierno, otros se devanan los sesos tratando de adivinar quién será el nuevo secretario de Educación Pública.

Mi amigo, el maestro, me invitó a que en vez de especular sobre el futuro incierto, tratara de imaginar qué hará el gobierno del presidente Calderón en los tres meses que le restan de vida. No me gusta predecir, nunca le atino. Mas el maestro comenzó con la idea central y me incitó a pensar tres opciones: la céteris páribus, la vendetta, y la de la entrega del tigre.

El primer escenario (como dicen los futurólogos) es que no pase nada, que el secretario Córdova Villalobos se dedique a administrar la rutina, soltar otras dos o tres piezas oratorias de autoelogio e insistir en que este gobierno ha sido el mejor en la historia de la educación en México. Si esta idea es la que mayores posibilidades representa, implica que la alta burocracia, que pronto abandonará su puesto, piensa más en su futuro individual que en intentar hacer algo trascendente en el último tramo.

Algún alto funcionario acaso se dé un golpe de pecho y se atreva a criticar al sindicato, pero sin hacer referencia a la Alianza por la Calidad de la Educación, esa ya desapareció hasta del discurso político. El maestro y yo sospechamos que, dada la circulación de secretarios, este sexenio no entregará una “memoria del quehacer educativo”, no hubo continuidad en la política y los tres responsables del ramo en el sexenio actuaron con agendas diferentes. El secretario Córdova se vio más audaz, pero la responsabilidad le llegó tarde.

La segunda alternativa se apoya en esa idea de la audacia del secretario Córdova. Quizás él haya convencido al Presidente de dar un “golpe de timón” y recuperar credibilidad para el futuro. Eso implicaría una autocrítica a fondo, renegar de la ACE y del pacto con Elba Esther Gordillo y, por fin, utilizar los poderes formales del Estado para limpiar el camino o, al menos, comenzar a despejarlo para que el sucesor le dé continuidad al asunto.

El Presidente podría hacer caso a la demanda de la Coalición Ciudadana por la Educación y derogar el Reglamento de las Condiciones Generales de Trabajo de la SEP (el pacto de 1946) y abolir que los puestos de dirección, supervisión y control del sistema educativo sean de escalafón, es decir, un privilegio del sindicato. También puede retirar los fideicomisos que el gobierno mantiene con el SNTE y dejar de retener las cuotas a los trabajadores de la educación. Eso le mermaría las fuentes de poder al grupo hegemónico del sindicato y su capacidad de negociar con el nuevo gobierno quedaría disminuida.

Esa sería una venganza dulce del Presidente por las múltiples traiciones que le jugó la señora Gordillo. Mi amigo piensa que esta opción demanda tamaños: el Presidente demostró tenerlos en la lucha contra el crimen organizado, pero nunca le dedicó un pensamiento de calibre a la educación.

La tercera posibilidad, tal vez la más probable, es que el secretario prepare una mudanza tranquila al nuevo gobierno. Tengo noticias de que ya se corrieron las órdenes para que se elaboren con tiempo las “actas de entrega” y que varios de los altos funcionarios están preparados para dar la bienvenida al equipo de transición del Presidente electo. Esto, me dice mi amigo, es lo normal en la democracia política. A lo mejor la SEP no va a publicar una memoria, pero entregará al nuevo equipo portafolios con la información importante. Con ellos, podrá tomar sus primeras decisiones bajo ciertas bases.

Retazos

En el Diario Oficial de la Federación (8 de agosto) se publicó el “Acuerdo por el que se determina Información de interés nacional al registro nacional de alumnos, maestros y escuelas”. Este pequeño paso es de trascendencia, los gobiernos locales ya no podrán negar la información para elaborar el “Padrón” de maestros y alumnos que tanto demandó Mexicanos Primero.

Un golpe al corporativismo, tardío, pero macizo. Un poco de aliento para pensar en la opción de la vendetta. ¡Total, ya no hay mucho que perder!

                *Académico de la UAM

                Carlos.Ornelas10@gmail.com

Artículo publicado en el periódico  Excelsior

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