Examen de selección, un factor para explicar las trayectorias educativas

Los exámenes son un instrumento para ordenar quienes tienen mayor y quienes menor puntaje; y las instituciones establecen, conforme a sus [...]

El examen de selección a la universidad como factor explicativo de las trayectorias educativas

Hoy en día, todas las instituciones de educación superior públicas aplican a los aspirantes diversos exámenes de admisión para definir a quiénes aceptan en sus aulas, salvo en algunos casos como en la UNAM, donde la gran mayoría de los alumnos de sus bachilleratos gozan del llamado “pase automático” a la Universidad.

Los exámenes de admisión, cualquiera que sea el que cada institución lleve a cabo, no representan el valor aprobatorio o reprobatorio del sustentante. Los exámenes son un instrumento para ordenar quienes tienen mayor y quienes menor puntaje; y las instituciones establecen, conforme a sus capacidades, el cupo máximo que puede atender. No ser admitido no significa que el aspirante haya reprobado el examen.

Y cuando la demanda es mayor que la oferta, las posibilidades de ingresar son menores porque es preciso obtener un altísimo puntaje en el examen para lograrlo. No en balde, miles de jóvenes optan por solicitar su admisión a carreras de baja demanda, aunque no sean de su preferencia, apostándole a lograr ser admitidos y tiempo después buscar su cambio a la carrera que querían.

Para quienes nos dedicamos a la investigación de trayectorias educativas de los estudiantes universitarios, uno de los ejes centrales de nuestro trabajo consiste en explicarnos los factores que inciden para que permanezcan o no en las instituciones; y de los que permanecen, tratar de despejar también los factores que influyen para que existan determinados desempeños académicos.

En este contexto, una pregunta que vale la pena formularse es si acaso el puntaje alcanzado en el examen de selección por los estudiantes admitidos, resulta ser un factor que incida en el tipo de trayectoria educativa, así como en los promedios de calificaciones que logran en el transcurso de sus estudios. Se sabe, por los resultados de muchas investigaciones, que los factores que explican ambas cuestiones son diversos, y no sólo depende del puntaje del examen de admisión; pero atendiendo a este último indicador, por lo menos para el caso de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-A), puedo mostrar algunos hallazgos para la reflexión sobre lo que ocurre en el primer año de estudios.

Al menos para todas las generaciones que han ingresado a una licenciatura en los últimos nueve años, puedo sostener que tener un bajo o alto puntaje no ha resultado ser un factor que pueda asociarse al hecho de que en promedio el 18% de los alumnos que admitimos abandonan la UAM en el primer año. No se tiene conocimiento del porqué dejan de formar parte de la comunidad estudiantil, pero si se compara el puntaje de los que abandonan con los que permanecen, no existe relación estadísticamente significativa. De tal suerte que, por lo menos para la UAM-A, no puede sustentarse que a mayor puntaje mayores posibilidades de permanencia en la universidad.

Ahora bien, en el caso del tipo de trayectoria que consiguen en el transcurso del primer año, si he encontrado relaciones importantes, esto es, los estudiantes que ingresan con bajos puntajes en el examen de selección son más propensos a tener trayectorias donde en su primer año acreditan la mitad o menos de las materias que deben cursar conforme a los planes y programas de estudio que establece la universidad. A la inversa, aquellos alumnos que obtienen altos puntajes tienden a cursar aprobatoriamente la mayor parte de sus asignaturas. Es decir, los alumnos admitidos con bajos puntajes llevan un ritmo de estudios inicial más lento que el resto.

En cuanto al promedio de calificaciones alcanzado en el primer año, también se localizan diferencias interesantes. Mientras que los alumnos que ingresaron con bajos puntajes tienden a obtener calificaciones promedio entre 6 y 7.9, aquellos que tienen altos puntajes son más proclives a lograr promedios de calificaciones por arriba de ocho, y una considerable proporción se ubica entre 9 y 10.

En síntesis, los estudiantes admitidos con bajos puntajes llevan un ritmo de estudios más pausado y obtienen promedio de calificaciones por debajo de ocho durante su primer año, pero permanecen en sus estudios, no abandonan la universidad, y esto es muy relevante señalarlo.

Reitero que los factores que explican las trayectorias son diversos, no es el espacio para exponerlos, pero si ponemos atención solamente al puntaje del examen de selección, la respuesta inmediata, simplista, que uno escucha entre muchas autoridades y académicos es que las instituciones deberían de ser más exigentes con el puntaje que establecen para admitir “mejores” estudiantes.

Si esto ocurriera, la cantidad de excluidos de la educación superior se elevaría exponencialmente, y las posibilidades de formar a jóvenes profesionistas se limitaría de manera importante, o bien, se acrecentaría el número de jóvenes que continúan sus estudios en el conjunto de universidades privadas, la mayor parte de las cuales no son de calidad.

Lo que considero deberían hacer las instituciones es poner especial atención a los estudiantes que ingresan con bajos puntajes, para diseñar así distintos programas de apoyo académico, y lograr que sus trayectorias sean menos irregulares y que el aprovechamiento escolar, medido por sus calificaciones, sea superior.

La responsabilidad de la educación superior pública consiste en admitir a todos aquellos aspirantes que puedan aceptarse si existen espacios para ellos, y una vez en la universidad, atender adecuadamente a los sectores que requieren de apoyos específicos para impedir que abandonen sus estudios, y que su permanencia procure acercarse lo más posible a los planes y programas de estudio de las instituciones.

*Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)

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