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En apariencia el INEE disfrutará de autonomía técnica, operativa y de decisión, pero en los hechos dejará de depender de la SEP para [...]

Hace ocho días el gobierno federal celebró el décimo aniversario de la fundación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. Ayer entró en vigor el decreto que reforma su estructura de gobierno. Como ya debe ser del conocimiento público cuando aparezca este artículo, el presidente Calderón ya debe haber designado a su presidente (ya no director general) y a los integrantes de la Junta Técnica. En apariencia el INEE disfrutará de autonomía técnica, operativa y de decisión, pero en los hechos dejará de depender de la SEP para caer bajo el influjo de la Presidencia. Su “autonomía” es una vacilada.

Aunque en sus primeros diez años el INEE ha pasado por buenos momentos, son más sus débitos, a pesar de contar en su Consejo Técnico con académicos de prestigio y atributos intelectuales sólidos.

Bajo el liderazgo de Felipe Martínez Rizo, primero, y de Margarita Zorrilla, hasta ayer, el INEE se pobló de personal competente y profesional; institucionalizó proyectos de evaluación educativa trascendentes; constituyó instrumentos técnicos de calidad excepcional y armó un conjunto de colecciones donde publica estudios e información importante sobre la educación básica y la media.

Sus publicaciones van de la puesta al día de la educación en México, con sus “panoramas”, a manuales y folletos para docentes con el fin de que mejoren sus habilidades para que los estudiantes respondan mejor a las diferentes pruebas. La mayoría de esa literatura es útil para los académicos, su información alimenta sus proyectos de investigación y las tesis de posgrado de sus estudiantes.

En el lado de los cargos, el INEE y su hacer no han probado ser de provecho para la toma de decisiones, que fue el fundamentalis ratio de su fundación. Con todo y que sus estudios documentan con infinidad de detalles el bajo aprovechamiento de los estudiantes, las fallas institucionales, los problemas de enseñanza y aprendizaje, no han servido para mover un ápice las rutinas del sistema educativo mexicano. Las autoridades toman decisiones con base en la inercia institucional, las influencias internacionales y las presiones políticas de grupos (sindicato, disidentes, gobernadores, legisladores), no con base en el conocimiento científico o los productos de la evaluación.

El INEE demostró con creces y pruebas empíricas lo que ya todo el mundo sabía, hasta el más bisoño de los políticos que han arribado a la SEP: que la educación (la pública y la privada) es de baja calidad, que no está a la altura de los tiempos y las necesidades de los estudiantes; que su distribución es inequitativa y favorece a las clases medias sobre los segmentos populares. Las evaluaciones del INEE ratifican que los pobres aprenden menos que los clasemedieros y que los de las áreas rurales menos que los de las urbanas.

La deficiencia no es del INEE, sino de quienes toman las decisiones, se me dirá. Cierto, entonces me pregunto cuál es la razón de su existencia. El conocimiento que produce le cuesta mucho al país para que sea de tan poco beneficio. La razón es que el INEE no “tiene dientes”, su dependencia de la SEP y el SNTE, primero y hoy de la Presidencia y la Secretaría de Hacienda (que pueden hacer pactos con el SNTE), la convierten en una institución de adorno.

El decreto que entró en vigor ayer no dice que las recomendaciones del INEE tendrán que ser tomadas en cuenta por la SEP o las autoridades de los estados (que éstas, en rigor, no tendrían por qué hacerlo, se supone que vivimos en un régimen federal). Además, el órgano de gobierno quedó constituido por un representante de la Secretaría de Educación Pública, uno de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, uno del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y uno del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, quien lo presidirá, así como por tres miembros de la Junta Técnica, designados por el Presidente de la República. Él también designó al primero que encabezó el INEE. ¿Qué autonomía puede tener una institución cuyos funcionarios principales —todos— los designa el presidente?

Ayer debería haber tomado posesión el nuevo equipo dirigente del INEE. ¿Qué pasará si al nuevo gobierno no le gustan esas personas y el arreglo hecho en las agonías del sexenio? Espero que no le consulte al SNTE lo que debe hacer.

        *Académico de la UAM

            Carlos.Ornelas10@gmail.com

Artículo publicado en el periódico Excelsior.

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