Apreciación de arte y pop ups comerciales

El aprovechamiento del medio digital para transformar a la educación depende del uso que le damos. Si bien “el medio es el mensaje”, [...]

El sábado 4 de agosto encontré una noticia que me llamó la atención. Varios periódicos nacionales informaban acerca de un equipo de jóvenes mexicanos de la Escuela Superior de Cómputo del Instituto Politécnico Nacional que inventaron un software educativo llamado Sistema de Apreciación de Arte en la Pintura para Niños “que permitirá a alumnos de primaria de entre 6 y 8 años, desarrollar el gusto por el arte” (http://goo.gl/RSKqR). Pensé que podría ser interesante comentarlo en este espacio, así que empecé a buscar la nota en varias fuentes en línea con la esperanza de encontrar el software o un demo del mismo para ver cómo funcionaba.

En general, no soy partidaria de los llamados programas educativos—a veces calificados como interactivos y a veces denominados aplicaciones de software—porque tienden a presentar ejercicios escolares poco creativos para los alumnos. Muchas veces están saturados de lo que todos conocemos: mucha información escrita, ocasionalmente acompañada de la opción de escucharla (mediante una grabación en audio del texto leído en voz alta); frases que los alumnos deben completar; columnas que deben emparejar; cuestionarios de opción múltiple, crucigramas, etcétera. Este esquema también contiene importantes excepciones que ofrecen al alumno representaciones dinámicas para apropiarse de conceptos, sobre todo en matemáticas y ciencias. Sin embargo, una parte importante de lo que se desarrolla con fines educativos reproduce esquemas transmisivos en los que las demandas principales hacia los alumnos se resuelven con asociar y repetir.

Estaba en mi búsqueda cuando encontré una versión de la nota en un periódico en línea que reportaba básicamente lo mismo que los demás, pero con algunas palabras activadas, en un color fuerte y subrayadas, para señalar que estaban hipervinculadas a otra fuente. Eran palabras como “México”, “escuela”, “alumnos”.  Pensé que me llevarían a los recursos que buscaba, o hacia una información más detallada sobre el interactivo, o a una entrevista con los estudiantes del Politécnico. Pero para mi sorpresa, los hipervínculos no me llevaron a ninguna de estas opciones; al poner el cursor sobre ellos salió en “pop-ups” propaganda comercial de diferentes tipos. En “alumnos” salió una ventana con un anuncio de útiles escolares que abrió de manera automática una página de Facebook de la compañía que los vendía; y al ponerlo sobre “México”, en una ventana salió un video con un anuncio de comida para perros.

La verdad es que esto me dio mucho coraje. Si de por sí los periódicos y otras fuentes están cargados de propaganda comercial, ahora los dueños de los medios de información han agregado a los banners, animaciones y videos habituales, un recurso que interrumpe la lectura con perros corriendo tras un plato de croquetas e invitaciones a comprar cuadernos, lápices y colores para un “feliz” retorno a clases. En la sociedad de consumo, el vender cosas -necesarias algunas, superfluas muchas- es uno de los motores de la economía, y la incitación a comprar la vemos por doquier: anuncios, espectaculares, volantes, cancioncitas pegajosas, infomerciales y demás campañas comerciales llenan nuestro entorno físico, visual y sonoro. Ahora los publicistas están colonizando los artículos periodísticos digitales, insertando propaganda a la mitad de los textos y distorsionando el uso de un recurso que antes se utilizaba para ampliar, complementar o confrontar la información presentada. Es como si en un texto académico impreso uno siguiera el número de un pie de página y leyera al calce: “Compre Calcetines Patrulla”.

El ejemplo es muy ilustrativo: las herramientas digitales no son útiles o inútiles, creativas, positivas o negativas per se. Su valor está en su uso. En una sociedad de consumo, la economía está orientada a la ganancia máxima; y el convencer al consumidor de que necesita comprar, es una práctica social ampliamente diseminada. Que los medios sean democráticos o autoritarios, informativos o propagandísticos, constructivos o destructivos, no es un atributo inherente a las herramientas, sino al uso que les damos. Esto también es cierto para los llamados programas educativos interactivos: poner algo en línea, automatizarlo, animarlo, o hipervincularlo no lo hace, por sí solo, ni más ni menos didáctico, y tampoco “mejora el aprendizaje”. El aprovechamiento del medio digital para transformar a la educación depende del uso que le damos. Si bien “el medio es el mensaje”, también lo es el tipo de actividad que promovemos.

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