Historia, contribución y perspectivas del INEE

Por José Ángel Córdova Villalobos
Estamos en la recta final de un gobierno democrático, que ha trabajado por transformar la educación en nuestro país para dar a los mexicanos la educación de calidad que anhelan y exigen, la educación que México requiere para ser competitivo en el mundo globalizado del siglo XXI.
Uno de los elementos importantes de apoyo para lograr esta educación de calidad es la evaluación. Es evaluando como sabemos dónde estamos, y sus resultados nos permiten comparar nuestra realidad con la de otros países y, evolutivamente, con nosotros mismos. Así, conociendo las áreas de oportunidad en las que debemos redoblar esfuerzos, es como podemos diseñar un plan eficaz para llegar a donde queremos.
Por eso, el gobierno del presidente Calderón ha impulsado, junto con los docentes, los padres de familia y toda la sociedad, una cultura de la evaluación, en la que todos estemos interesados en el desempeño de nuestros niños, niñas y jóvenes en la escuela, y también en el desempeño de sus maestras y maestros. No podemos mejorar lo que no medimos, y por eso el papel del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), que el 8 de agosto cumplió 10 años de existencia; en nuestra transición hacia una política de evaluación consistente y sistemática ha sido, es y seguirá siendo fundamental.
Antes de la creación de este instituto, las iniciativas para diseñar y aplicar mediciones educativas estaban dispersas y utilizaban metodologías diferentes, por lo que no podíamos hacer comparaciones entre ellas, como sí podemos hacerlo con las que ahora aporta esta institución.
Durante su primera década de trabajo, este instituto ha aplicado pruebas nacionales e internacionales a más de 589 mil alumnos, que han resultado en más de 200 publicaciones. Además, ha contribuido a formar un sólido equipo técnico especializado en tareas de medición.
Dentro de los proyectos del instituto, destacan la elaboración de pruebas de aprendizaje y de evaluación de escuelas, como los Exámenes de Calidad y el Logro Educativos (Excale), que son un instrumento de evaluación de alta calidad que permite hacer mediciones periódicas. De esta manera, las autoridades educativas —federales y locales—, así como la opinión pública en general, cuentan con información válida y confiable sobre el desempeño del sistema educativo nacional en su conjunto y en varios de sus subsistemas más relevantes.
El INEE también aplica el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), cuya realización a escala mundial es coordinada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y que tiene el propósito de ofrecer una visión general sobre la educación y capacitación de los jóvenes de 15 años.
A principios de este año, la OCDE publicó un documento llamado “México, reformas para el cambio”, en el que nos hace una serie de recomendaciones en materias muy distintas, que van desde la economía hasta la política ambiental y, por supuesto, también en materia educativa. Menciono dos de las más importantes:
• Mejorar los programas de capacitación y formación docente, acompañándolos de un sistema de evaluación bien concebido y rigurosamente aplicado.
• Perfeccionar el sistema de evaluación, de manera que tenga su centro en los resultados del aprendizaje de los alumnos.
En atención a esas y otras recomendaciones y exigencias de diversos sectores de la sociedad civil, para contar con un sistema sólido e independiente de evaluación, se decidió reformar el INEE a 10 años de su creación. El pasado 15 de mayo, el presidente Felipe Calderón firmó el decreto por el cual se modificaron su naturaleza jurídica y sus atribuciones. El instituto se convierte, así, en un organismo más autónomo y más ciudadano, lo que le permitirá fortalecer su especialidad técnica, para que esté en posibilidades de decidir, con independencia de intereses particulares, sindicales y/o políticos, cuáles deben ser las mejores políticas de evaluación, y que éstas respondan a un único criterio: elevar la calidad de la educación para sentar las bases del desarrollo humano sustentable, motor de la transformación de México en el largo plazo.
Esta reforma fortalece al INEE para que:
• Impulse la cultura de la evaluación entre los distintos actores del Sistema Educativo Nacional y entre toda la sociedad;
• Colabore con las autoridades educativas competentes en el diseño de una política nacional de evaluación de la educación, en la cual se establezcan los referentes para comparar los resultados y las consecuencias formativas de la evaluación;
• Diseñe y opere un sistema de indicadores que permitan valorar la calidad de los diferentes componentes, procesos y resultados del Sistema Educativo Nacional;
• Realice y promueva estudios e investigaciones de carácter evaluativo de políticas y programas educativos prioritarios;
• Diseñe y aplique instrumentos destinados a evaluar de manera confiable, válida y periódica el nivel del logro educativo de los alumnos, e
• Informe anualmente a las autoridades educativas federal y locales, así como a la sociedad en general, el estado que guardan diversos componentes, procesos y resultados del Sistema Educativo Nacional.
Qué mejor forma de celebrar los 10 años de este instituto que dándole la bienvenida a su nueva etapa, donde, para fortuna de todos, tendrá más autoridad, solidez y autonomía técnica, operativa y de decisión. También contará con personalidad jurídica y patrimonio propios, lo que le permitirá tener un mayor impacto en sus propuestas para mejorar la calidad de la educación.
El diagnóstico de la OCDE coincide con las acciones que hemos emprendido en la Secretaría de Educación Pública. La Evaluación Universal Docente, la reforma al Programa Nacional de Carrera Magisterial, el Registro Nacional de Alumnos, Maestros y Escuelas, entre otros, son algunos ejemplos de los pasos que hemos dado hacia la educación de calidad que México merece, que México necesita para competir en el mundo de hoy. Vamos por buen camino, pero aún queda mucho por andar, por lo que debemos:
• Seguir construyendo una verdadera cultura de la evaluación, mediante la cual nos exijamos más como alumnos, como maestros, como padres, y como autoridades.
• Fortalecer las instituciones que promuevan una evaluación confiable, sustentada en los más altos estándares técnicos y al margen de expresiones o intereses ajenos a lo educativo.
• Asegurarnos que los resultados de las evaluaciones se traduzcan en el diseño de políticas públicas que atiendan las necesidades y áreas de oportunidad de los alumnos, de los maestros y del Sistema Educativo en su conjunto.
• Alentar la integración de comunidades educativas informadas, activas y comprometidas con mejorar el desempeño de sus niños y jóvenes.
• Incorporar el avance tecnológico en la aplicación de las evaluaciones; los exámenes en medios electrónicos permitirán darle mayor flexibilidad a su aplicación y mayor confiabilidad a sus resultados.
El nuevo Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación está llamado a ser el protagonista en el desarrollo de estas tareas. Estoy cierto que, con el compromiso, entrega y talento de quienes forman parte del instituto, dejaremos una base sólida para consolidar la cultura de la evaluación como sustento elemental de la calidad educativa.
México cuenta hoy con una institución altamente calificada y confiable para evaluar de manera imparcial la educación y asegurar la socialización de la información entre los actores educativos, políticos y sociales.
*Secretario de Educación Pública
Artículo publicado en el diario Milenio.
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Alfonso






