Fin de clases y rendición de cuentas

Fernando Ruiz Ruiz | Es el último fin de clases de la administración calderonista y es la terminación de la primaria de los niños que [...]

Fernando Ruiz Ruiz*

A principios de mes concluyó el ciclo escolar 2011-2012 y la noticia fue que más de 25 millones de niños de educación básica iniciaban sus vacaciones de verano. Las vacaciones escolares son un evento importante para muchas actividades económicas y en muchas regiones del país tiene un impacto significativo en sus ingresos. Sin embargo, el hecho sobresale también por dos motivos: es el último fin de clases de la administración calderonista y es la terminación de la primaria de los niños que nacieron en el año 2001, primer año de los gobiernos panistas; son la generación que ingresó por vez primera a primaria en 2006, año de inicio del actual sexenio.

Los tiempos marcados por la Constitución y la tradición política de los gobiernos emanados del PRI construyeron una transición gubernamental en donde el Presidente recién electo se encuentra cuatro meses inactivo antes de asumir el cargo. En ese lapso, la nueva generación escolar que estará a su cargo los siguientes seis años recibe la bienvenida todavía del presidente saliente.

Este traslape de ciclos, aunado a la tradición educativa autoritaria y las distracciones informativas diluyen la importancia de esta situación. Estamos frente a la constitución de un nuevo ciclo de obligaciones y responsabilidades entre gobernantes y gobernados, un verdadero pacto social en donde el nuevo Presidente, y los gobernadores también, adquieren en su calidad de autoridad educativa la responsabilidad de hacer efectivo el derecho a aprender de niños y jóvenes, y por otro lado, los padres de familia deben comprometerse a velar y acompañar a sus hijos en el proceso educativo.

En 2000 y 2006, la dinámica de los eventos no fue propicia para la implantación de nuevas prácticas políticas que dieran forma explícita a este pacto social. En el 2000 la euforia y novedad de la alternancia política, y en 2006 la situación postelectoral y el conflicto oaxaqueño opacaron el inicio del ciclo escolar bajo un nuevo contexto político, en su momento lleno de promesas y esperanzas. En 2007, el presidente Calderón en su discurso de apertura de clases habló sobre las bondades y resultados de la prueba ENLACE y nada dijo sobre la enorme responsabilidad que recaía sobre su administración entrante: proporcionar una educación de calidad a los más de dos millones de niños y niñas que ingresaron ese año al sistema educativo. Las formas políticas que los presidentes y gobernadores asumen al inicio de cada ciclo escolar desvanecen las obligaciones contraídas con una generación completa de niños y niñas para proporcionarles trayectorias escolares completas y exitosas. O tal vez, para tristeza de muchos, ni siquiera visualizan la magnitud de la tarea.

Hoy, los niños nacidos en 2001 están terminando la primaria. Y los resultados no son alentadores. Sólo ocho de esos diez niños completaron sus estudios de primaria en su edad normativa y un número importante ya no llegará a ingresar al nivel de secundaria. En cuanto a sus niveles de logro, de acuerdo a la prueba ENLACE de 2009-2011, los niños de esta generación ubicados en los niveles insuficiente y elemental en matemáticas pasaron de 60.5% a 65.1% y en español de 57.1% a 70.3%: un verdadero desastre educativo. En el ciclo escolar que acaba de concluir, los niños y niñas de Oaxaca, Michoacán y Guerrero no sólo fueron vulnerados en su derecho a contar con 200 días completos de clases, sino que además no sabremos con exactitud la calidad de enseñanza que recibieron, pues la prueba ENLACE no se ha aplicado con normalidad en esas entidades federativas en lo que corresponde al sexenio.

Es hora que la sociedad exija rendición de cuentas a las autoridades educativas del país, iniciando por el Presidente de la República. Las ceremonias de inicio de clases son eventos propicios para que los políticos y los líderes sindicales lancen discursos optimistas y llenos de promesas genéricas. En 2006, nos prometieron calidad educativa, en 2007 un sistema mexicano de evaluación educativa, en 2008 aplicación de la prueba ENLACE para todos los grados de primaria y en 2010 instalación de 225 mil consejos escolares. Es hora de menos promesas y más resultados.

Algunas entidades federativas llevan a cabo reuniones de evaluación de fin de cursos, lo cual es positivo, y sin embargo son reuniones de funcionarios donde la sociedad está ausente. Probablemente pasará tiempo para lograr un cambio cultural en nuestro sistema, con claras citas de acuerdo e interacción al inicio y al fin de ciclo. En el corto plazo es deseable que la clausura de cursos se transforme en un momento donde la ciudadanía exija rendición de cuentas, mientras que en el inicio se clarifique el logro esperado, para ser verificado. La educación de calidad es responsabilidad de todos.

*Investigador de Mexicanos Primero.

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