Discurso de Enrique Peña Nieto con el Comité de Acción Política del SNTE
Sábado 23 de junio de 2012
Santa Fe
Portal del Sol.
Muchísimas gracias.
Muy buenos días tengan todas y todos ustedes.
Seguramente me van a escuchar con algún problema ya de garganta, pero es lo normal. Y así debe de ser, más en esta recta final de esta campaña que, sin duda, me ha dado la gran oportunidad de estar con muchas mexicanas y mexicanos de nuestro país, y de poder compartir la propuesta de mejorar las condiciones de México, y es justamente la que quiero compartir hoy con ustedes.
Le agradezco la presencia al profesor Juan Díaz, secretario General del Sindicato, al profesor Gustavo Martínez, a quien le agradezco las palabras que ha tenido a bien dirigir a un servidor y, sobre todo, de haber formulado esta invitación para que estuviera con ustedes y que compartiera la propuesta de gobierno que tengo para todos los mexicanos.
Agradezco a los demás integrantes de este Comité Nacional de Acción Política del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, el Sindicado más grande de México y de América Latina, con más de un millón de agremiados y que, sin duda, deja ver a su interior la pluralidad, la diversidad política que existe dentro del sindicato.
Sin duda, lo que hoy proyecta este gran sindicato es también una expresión de lo que vive nuestro país: un país que ha venido consolidando su democracia y que ha venido mostrando los distintos rostros de expresión, de pensamiento, de ideología que tenemos afortunadamente en nuestro país.
Y es en el marco de este país que hoy tenemos los mexicanos, de este México democrático, de este México plural, de este México diverso que tiene lugar esta competencia democrática en la que venimos participando los distintos partidos, los distintos candidatos; con propuestas diversas, en algunos puntos coincidentes, pero en la gran mayoría diferente y que, sin duda, deja ver con toda claridad, de mi parte, lo que señalo es la necesidad de cambiar el rumbo que hemos llevado hasta este momento.
Porque si bien nuestro país ha consolidado su democracia, hay que decir que el resultado a partir de la transición democrática y el balance que hoy tenemos de lo que se ha logrado en los últimos dos gobiernos, no es favorable, deja mucho que desear para lo que los mexicanos demandamos y queremos.
Déjenme sólo compartir algunos indicadores básicos y elementales del desarrollo social y del desarrollo económico que México, insisto, en sus indicadores, hoy no son satisfactorios.
En primer lugar, somos un país que se proyecta al mundo y a su interior, por la condición de inseguridad y de violencia que lamentablemente vivimos los mexicanos, donde los indicadores de la seguridad pública en lugar de mejorar, han empeorado. Solamente lo que es el termómetro elemental y reconocido mundialmente sobre el número de homicidios por cada 100 mil habitantes, este indicador prácticamente se ha duplicado en términos críticos para nuestro país: pasamos de tener 10 homicidios por cada 100 mil habitantes, a tener hoy en día, 23.
La tendencia en este indicador, se ha incrementado. Y es uno de los tantos que tenemos en materia de seguridad pública. Pero éste, sin duda, es el más sensible y el que mide finalmente las condiciones de seguridad de una nación.
En este escenario, advertimos que la política que se ha seguido en esta materia, si bien es de reconocerse avances en algunos temas, como el fortalecimiento institucional de la policía federal, pero no suficientes en materia de procuración de justicia, en materia de administración de justicia, donde a cuatro años de haberse hecho la reforma para instrumentar la oralidad en materia de justicia penal en nuestro país, aún no se ha materializado.
Y bueno, pues ahí están los resultados. Habría que preguntar a los mexicanos si coincidieran que hoy somos un país más seguro de aquel que teníamos hace 12 años.
Estoy convencido que la respuesta es: “no, no tenemos un país más seguro” Y que lamentablemente el no tener condiciones de seguridad, ha afectado otras asignaturas del desarrollo social, como las que voy a referir.
En segundo lugar, somos un país que si algo se ha incrementado, es la pobreza; solamente en los últimos cuatro años, 12 millones más de mexicanos están en condición de pobreza.
Este es el indicador de mayor indignación para los mexicanos. El tener una condición inaceptable divide a un país, en pleno siglo XXI, donde más de la mitad de su población enfrenta condiciones de pobreza.
Y mucha de esta pobreza deriva: primero, de la condición de inseguridad que ha limitado las opciones de crecimiento económico; segundo, el encarecimiento de los productos alimentarios.
Hoy tenemos que importar lo que, sin duda escasea mayormente en el mundo, son los alimentos.
Baste sólo señalar que hay países en el orbe, que hoy están comprando tierra en otras latitudes para producir alimentos para sus propios países.
El incremento de la población, pero además el incremento de una población con mayor poder adquisitivo, particularmente la de China, la de India, ha llevado a que el costo de los productos alimentarios se haya encarecido; y consecuencia de ello, es que al importar alimentos en ese modelo, que por años en los últimos años hemos seguido, de pensar que era más fácil importar alimentos más baratos que producirlos en suelo mexicano, era mejor.
Ahí está el resultado: hoy importamos alimentos caros, y eso, en los últimos años, nos ha llevado a tener una población, entre otros factores, en condiciones de mayor empobrecimiento.
Solamente en lo que tiene que ver con pobreza alimentaria, donde hay 20 ó más millones de mexicanos en esta condición, de los 57 millones de pobres que hay en todo el país -que, insisto, no debe verse sólo como una cifra más. Y lo dije en el último debate: la pobreza tiene rostro; la pobreza no puede verse con la frialdad de las cifras. Son 57 millones de mexicanos, más de la mitad de la población en pobreza-, de ellos, 20 millones en pobreza extrema.
Y sólo en estos últimos cuatro años, de los 12 millones que referí, se ha incrementado la pobreza: seis millones están en pobreza alimentaria, seis millones más, seis millones precisamente por el encarecimiento que ha habido al tener que importar productos alimentarios, que debiéramos tener capacidad y atención desde el gobierno para producirlos en nuestro país.
Tercer indicador, el del crecimiento económico. Lo he señalado de manera reiterada, en los últimos once años -todavía no tenemos las cifras finales del 2012– el desempeño de la economía de nuestro país ha sido la peor de los últimos 80 años. El promedio de crecimiento apenas es del 2.2 por ciento, el más bajo entre los países de América Latina o casi el más bajo, sólo por encima apenas por tres décimas de El Salvador. Este es el desempeño de nuestra economía.
Y el resultado ha limitado las opciones de empleo y de buenos empleos; al tener una baja oferta de empleo en nuestro país, esto condena a nuestro país a que tengamos empleos mal pagados, sin seguridad social, sin capacitación permanente, con empleos a veces temporales.
Este es el resultado de no tener un país que esté creciendo constantemente. Y este es uno de los retos mayores. Y en la propuesta, y para un servidor, que vengo postulando, el crecimiento económico debe ser motor de lograr una mayor atención a las otras asignaturas, que ya señalé: el de la seguridad pública, el de combatir de manera frontal y de raíz la pobreza.
Cuarto indicador, la condición de nuestra educación. Y ustedes la conocen, porque participan de ella.
Nuestro país se ha rezagado en lo que tiene que ver con la cobertura de educación, sobre todo en los niveles de preparatoria y de universidad, donde tenemos cada vez más un mayor número de jóvenes que se quedan sin la opción de poder estudiar preparatoria y universidad.
El gran logro que tuvimos en el siglo XX, a partir del modelo educativo que instrumentaron los gobiernos de entonces, fue combatir el rezago educativo del nivel básico; éramos un país, hacia los años 30’s, predominantemente analfabeta. Y ustedes lo saben.
El reto entonces de aquellos años era cómo lograr una educación que permitiera no sólo la formación de las generaciones por venir, sino también hacer de la educación un instrumento de mayor igualdad social.
Y creo que en ese entonces, en el Siglo XX se logró de manera satisfactoria cubrir la demanda de la educación de un país, que además estaba creciendo; de un país que, hacia los años 60´s, tuvo una revolución industrial y tuvo un crecimiento económico, que llevó realmente a que en el modelo educativo tuviéramos, en los lugares más recónditos de la geografía nacional, la escuela pública, la escuela que prestara servicios a todos los mexicanos.
Los niveles de cobertura que hoy se tienen en nivel básico son satisfactorios, son casi del 100 por ciento, 96, 97 por ciento. Y consecuencia de esto, sin duda fue abatir de manera significativa los niveles de analfabetismo que vivía nuestro país.
Hoy somos un país informado, de suficiente cobertura de educación básica. Pero no así, crecimos por igual en la cobertura de los niveles de preparatoria, de Educación Media Superior y de nivel universitario. Y ustedes conocen muy bien dónde está el reto en esta materia.
Uno de cada tres jóvenes se queda sin poder estudiar la preparatoria, y dos de cada tres jóvenes que quieren estudiar la universidad, se quedan sin poder hacerlo.
Es ahí donde está uno de nuestros retos mayores, en estos niveles educativos. Y, sin duda, además de la cubertura, está en la calidad de la educación.
Hacer uso de las herramientas que en pleno siglo XXI hoy tenemos para mejorar la calidad de la educación, para realmente lograr que nuestros jóvenes estén debidamente preparados para enfrentar los retos de un mundo global, de un mundo de alta competencia y de un mundo que, en la ruta del crecimiento económico que queremos lograr para nuestro país, va a demandar una mejor formación de mexicanos, de mexicanos mejor preparados para asumir tareas dentro de este proceso de innovación, que nuestro país deberá tener para elevar su productividad, y poder competir con el mundo globalizado.
Estos son los retos. Y por eso estoy plenamente convencido de que para lograr mejorar y elevar la calidad de la educación en nuestro país, es un reto que debemos asumir de manera conjunta. Lo debemos hacer con la participación y compromiso decidido de las maestras y maestros de nuestro país.
Estoy convencido que la actitud que ustedes han mostrado, que han señalado y que han comprometido, ahora debemos materializarlo; debemos lograr, con su participación. El esfuerzo realmente mayor para elevar la calidad de la educación.
Y para ello, déjenme compartir varias acciones que están orientadas a este objetivo, para elevar la calidad de la educación. Que parte, primero, de lograr una mayor capacitación de nuestros maestros; de lograr, en el compromiso que asuman maestros y maestras de nuestro país para participar de este proceso de cobertura y de elevar la calidad de la educación, participar en una mayor capacitación, para realmente lograr una transmisión de conocimientos a los educandos, que sea del nivel que hoy demandan nuestros tiempos; de este nivel de exigencia que se demanda en los tiempos modernos y en los tiempos del siglo XXI.
Dentro de este propósito, está la evaluación que deberán tener maestros y alumnos, porque sólo podemos mejorar el nivel educativo si tomamos decisiones particulares y focalizadas, a partir de las condiciones educativas que se tengan en las distintas regiones de nuestro país. Porque partimos de reconocer que no son homogéneas, que no tenemos condiciones igualitarias, lamentablemente. Hay lugares donde la cobertura y el nivel de educación es mejor al que se tiene en otras partes del país.
No podemos decir que el nivel educativo del Distrito Federal, del Estado de México sea igual al que se tenga en Chiapas, en Oaxaca o en Guerrero; en las zonas serranas de esos estados. Sin duda, es distinto.
Y por eso la evaluación educativa, tanto de maestros como de alumnos, debe permitir el definir políticas públicas dedicadas a elevar la calidad de la educación de manera especial en las distintas regiones del país.
Segundo, ampliar la cobertura, que ya señalé. Esto significará la construcción de más infraestructura, de rehabilitar la infraestructura que hoy tenemos. De hecho, en Chiapas fue donde signé un compromiso, no sólo para esa entidad, sino para todo el país, de emprender un programa muy ambicioso: de rehabilitar la infraestructura educativa del país.
Queremos jóvenes bien educados, pero los espacios donde reciben la educación, ustedes lo saben, carece de los servicios más elementales, muchos de ellos: no tienen baños; no tienen pizarrones; no tienen ni siquiera pupitres o una buena infraestructura elemental y básica, para que nuestros niños tengan una buena educación.
Por eso, he comprometido dedicar mayor inversión pública a lo que será, sin duda, un programa de gran alcance, en lograr una mejor educación en el país: la rehabilitación de la infraestructura educativa de todo el país.
Dentro de este propósito, esté el hacer uso de las nuevas tecnologías, de las tecnologías de la información y de la comunicación.
He comprometido que para cerrar la brecha digital que México tiene, y lo que yo he llamado el analfabetismo de nuestra era, el analfabetismo digital, así como saber leer y escribir o no saber leer y escribir era el analfabetismo del siglo XX, en esta época no tener acceso a la computadora y al Internet para convertirse, como hoy se denomina, “ciudadanos del mundo”, realmente limita y establece condiciones de analfabetismo en nuestra época.
Para cerrar esta brecha digital, he comprometido que en todas las escuelas, en los niveles de quinto y sexto de primaria, habrá computadoras personales, computadoras portátiles con acceso a internet para todos los niños de nuestro país.
Otra manera de hacer uso de las tecnologías de la información para ampliar la cobertura educativa, está con la universidad digital. Si esperamos a desarrollar la infraestructura que hoy tenemos y que hemos logrado en muchas décadas para poder dar una mayor cobertura a los jóvenes de nuestro país, creo que pasarán muchos años para poder alcanzarla.
Por eso, creo que si hacemos hoy uso de las tecnologías de la información y de la comunicación, podemos lograr la universidad digital, que permita una mayor cobertura de nivel universitario en la universidad a distancia, en el uso de tecnologías de la información.
Es una de las propuestas que he presentado, y que espero permita que al menos abramos espacios para la universidad de un millón y medio más de espacios para que jóvenes puedan estudiar la universidad.
Hoy tenemos una población estudiantil en el nivel universitario de aproximadamente de 3 millones de jóvenes. El reto y el compromiso que he venido asumiendo es de elevarla a un millón y medio más, prácticamente un 50 por ciento más de la cobertura que hoy tenemos, para pasar de niveles de 28 por ciento, que hoy tenemos, quizá 30 por ciento, a decir de algunos, a más del 45 por ciento, y estar dentro de los estándares de los países de mayor desarrollo en la cobertura del nivel universitario.
Y en el nivel preparatoria, lo que se aprobó en el Congreso de la Unión. Para obligar al Estado mexicano y garantizar a los mexicanos la cobertura en el nivel preparatoria a todos los jóvenes de México, me he comprometido acelerar este proceso, para que podamos garantizar educación universal desde el nivel preescolar hasta el nivel preparatoria a todos los jóvenes del país.
Estos son de los retos que tienen que ver con la cobertura que debemos lograr.
La infraestructura educativa, que ya referí, y que sin duda se inscribe dentro de este proyecto de lograr la rehabilitación de los espacios educativos de todo el país y de, sin duda, crecer la infraestructura. No significa que porque tengamos instrumentos de educación a distancia, no desarrollemos y construyamos mayor infraestructura.
Por supuesto que está el compromiso y el interés de desarrollar más infraestructura con mayor inversión pública.
Otra acción que he venido comprometiendo es la de hacer una mayor inversión en ciencia y en tecnología. No podemos aspirar a tener un país mejor preparado y con una educación de mayor calidad, sin hacer mayores inversiones en ciencia y tecnología.
He compartido que otros países a tiempo pudieron interpretar de mejor manera lo que el mundo habría de enfrentar y habría de vivir: un mundo de alta competencia y un mundo sin barreras prácticamente en el mundo comercial.
¿Qué pasó? Que nosotros dejamos de invertir en ciencia y tecnología. Y aquí hay un ejemplo clásico de comparar lo que, por ejemplo, pasó en Corea del Sur: un país que tenía una condición parecida a la que entonces en los años 80’s, hace apenas 30 años, México tenía.
En ese entonces el ingreso per cápita de Corea del Sur era de menos del que México tenía, pero aquel país decidió invertir más en ciencia y tecnología. Hoy invierte 3.5 por ciento del Producto Interno Bruto. Nosotros seguimos invirtiendo apenas el 0.4 por ciento. No hemos mejorado, ni hemos elevado la inversión en ciencia y tecnología. La que teníamos en los años 80’s es la misma que hoy tenemos.
¿Y qué paso en Corea del Sur? Que ese país, con esta inversión que hoy tiene, que empezó a tener en ciencia y tecnología, para incorporar conocimiento a la producción, para incorporarle valor agregado a la producción de ese país, para innovar los procesos productivos de ese país, y hoy exportar productos con mayor tecnología, con mayor ciencia, con mayor conocimiento, pues resultó -lo que buscamos tenga sea el impacto mayor de cualquier política pública- que el ingreso per cápita de ese país sea del doble del que hoy tenemos en México.
Es decir, los coreanos ganan dos veces más de lo que ganamos en México, a tan sólo 30 años de distancia, por haber hecho aquel país una mayor inversión en ciencia y tecnología.
Nuestra ley prevé que debiéramos invertir, por lo menos, el uno por ciento del PIB, seguimos invirtiendo el 0.4 por ciento. Y esto no sólo significa que deba haber un mayor compromiso del gobierno, lo debe haber también en el sector privado, de la empresa privada, pero debe tener los incentivos, porque si no los hay, pues difícilmente van a hacer las inversiones necesarias, más en ciencia y tecnología.
De involucrar también en este propósito a los institutos educativos del país, para que, con su participación de la empresa privada y del sector público, tengamos mayor inversión en ciencia y tecnología.
Y una última acción, que recién anuncié dentro de lo que espero sea un nuevo Plan Nacional del Deporte, el lograr hacer del deporte un instrumento de formación, un instrumento de preparación pero, sobre todo, un instrumento para que nuestros jóvenes tengan y hagan del deporte una opción de vida, y no muchos la vean cancelada al no encontrar suficientes incentivos dentro de la actividad deportiva.
Tenemos que lograr que nuestro país destaque, descolle en todas las actividades que realizamos, pero una de ellas, sin duda, es la del deporte. Vemos a nuestros niños jugar a veces en los terrenos baldíos, en los llanos, cada vez menos en los espacios que debían estar dedicados precisamente a estas actividades recreativas y deportivas.
Me he comprometido a la rehabilitación de 2 mil 500 espacios al menos en todo el país; espacios que ya se tienen, pero que están abandonados, que no han tenido rehabilitación y que no han tenido mejores condiciones para que nuestros niños hagan ahí deporte.
Pero, sobre todo, inscrita la actividad deportiva dentro de un programa nacional para lograr que los jóvenes, con aptitudes físicas, con talento físico, con talento deportivo, puedan encontrar en el deporte una opción de vida; que no decidan abandonar, insisto, esta actividad por no verle futuro o la oportunidad de tener, dentro del deporte y a través del deporte, una fuente de ingreso digno y de desarrollo personal.
Si logramos alinear los incentivos en esta ruta, estoy convencido de que muy pronto México se habrá de destacar en distintas actividades deportivas. Y que dejemos de lamentar el que en varias de las justas deportivas, donde México participa, le echemos muchas porras, pero siempre se quede en “que ya mero, ya casi”, y tengamos que lamentar que temía por ser descalificado en la recta final de varias de las justas deportivas.
Estoy convencido de que el deporte será un instrumento de preparación mental, de preparación física y de opción de vida para los jóvenes de nuestro país.
Concluyo en lo que tiene que ver, y quizás es a la actividad dentro de las grandes metas nacionales que señalé, me falta una, la que tiene que ver con la seguridad pública, con el combate frontal, la pobreza, con lograr nuevamente poner a México en la ruta del crecimiento económico y con elevar la calidad de la educación y lograr una mayor cobertura. Dediqué mayor tiempo a esta última asignatura, precisamente porque es la que tiene que ver con la actividad en la que ustedes están involucrados: con la educación del país.
Quiero concluir este tema educativo, diciendo: estoy en favor de promover un nuevo modelo educativo, un nuevo modelo educativo moderno, que haga uso de las nuevas tecnologías, que involucre y comprometa la participación de las maestras y maestros del país.
Sólo lograremos una mayor cobertura y una educación de mayor calidad, con la participación de ustedes. No puede ser ajeno a ustedes, tiene que ser con ustedes.
Y debe ser una educación que respete realmente lo que prescribe nuestra Constitución: una educación gratuita, una educación pública, una educación laica, una educación realmente que permita, a través del respeto a estos principios rectores de la educación pública de nuestro país, que nuestros jóvenes estén mejor preparados.
Es dotarle de las herramientas, de los medios para que el día de mañana nuestra juventud tenga escenarios y oportunidad de descollar y de tener historias exitosas, historias personales de éxito, como es lo que queremos buscar y lo que queremos lograr para todos los mexicanos.
Por ello, desde este espacio, y en mi participación con la Comisión o con el Comité Nacional de Acción Política del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, el sindicato más grande de América Latina y más grande de nuestro país, quiero pedirles su apoyo y participación decidida a este proyecto educativo que vengo impulsando y en el que me estoy comprometiendo.
Y finalmente, la quinta meta nacional: lograr que México recupere su liderazgo en el contexto internacional, que vuelva a ser la voz que diera orgullo a los mexicanos de saber que era escuchada, que era atendida y que era modelo y ejemplo para otros países del mundo.
Pero eso va a depender, más allá de la negociación diplomática que México tenga o de los acuerdos diplomáticos que México logre en el Comité Internacional, va a depender fundamentalmente del éxito que tengamos al interior, del desempeño que logremos al interior, para entonces lograr que los otros países del mundo vuelvan los ojos a México; vean en México los casos exitosos de logros en materia educativa, en materia de desarrollo social, en materia de crecimiento económico.
Cuando logremos nuevamente poner a México en la ruta de paz, de seguridad y de crecimiento económico, los ojos del mundo voltearán nuevamente a ver a México y dará a los mexicanos mayor orgullo por lo que México estará logrando en favor de todos los mexicanos.
Antes de concluir, y para pasar a este ejercicio que ustedes tienen diseñado de responder algunas preguntas que tienen preparadas, quiero concluir con lo siguiente:
La elección del próximo 1º de julio será decisiva para los mexicanos, porque ahí cada mexicano va a decidir qué quiere para su país y qué quiere para sí los siguiente seis años, y quizá en más años por venir. Porque de lo que pase en estos seis años que vienen, no sólo habrá impacto en ese periodo de tiempo, sino en los siguientes años; se habrán de lograr cosas que impacten en un porvenir de mayor periodo de tiempo.
Por eso la importancia y trascendencia que tiene la participación de los mexicanos en esta elección. Y si algo he de celebrar es que vea hoy a varios sectores de la sociedad involucrados, participando, inquietos por lo que están escuchando y por lo que van recogiendo de las distintas propuestas que se están presentando.
Yo estoy convencido de que es esta una gran oportunidad para los mexicanos de definir el nuevo rumbo que quieren que tome nuestro país. Y por eso la convocatoria que he venido haciendo para que participen, para que los jóvenes en nuestro país, para que la sociedad en general participe en este proceso.
El resultado de esta elección se va a definir a través del voto informado de los mexicanos; no se va a decidir por manifestaciones, por protestas, por expresiones que se tengan en las calles. Se equivocan quienes pretenden recurrir a estos instrumentos para lograr el resultado de esta elección. El resultado de esta elección lo va a definir el voto de todos los mexicanos.
Y por eso yo quiero pedirles, a través de ustedes y en este espacio plural en el que ustedes participan, que representan distintas expresiones políticas de nuestra sociedad mexicana, les quiero pedir, su voto de confianza, el voto de confianza al proyecto que yo represento, que es un proyecto que quiere construir en unidad, en la unidad de los mexicanos; que quiere construir a partir de la pluralidad de nuestra sociedad democrática; que quiere ejercer, y este es mi compromiso, una presidencia democrática, que a partir de reconocer la diversidad y pluralidad de nuestra sociedad, busquemos los puntos de coincidencia para lograr que México tenga mejores escenarios y mejores condiciones.
Los mexicanos así lo demandan; los mexicanos así lo esperan. Y espero estar a la altura de este reto y de esta expectativa social que tiene nuestro país, para llevar a México a mejores condiciones.
*Discurso de Erique Peña Nieto
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