Martes 27 de diciembre de 2011
ED/ Luis Manuel Mendoza
Investigaciones documentales aseguran que en México se ha incrementado el número de estudiantes que basan su proyecto de vida en servir a los intereses del crimen organizado, como ingenieros químicos, como asesores en criminalística o como abogados defensores de narcotraficantes.
De acuerdo con Héctor Magaña -director de la Revista Mexicana de Orientación Educativa, profesor de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza y especialista en Psicología Educativa- en México hay niños de 10 años que tienen como plan de vida ser sicarios, como alguno de sus familiares.
“Se ha encontrado de manera muy dramática que hay niños que en su proyecto de vida, a los 10 u 11 años, ya tienen como objetivo ser sicarios o dedicarse al narcotráfico, igual que su tío o sus amigos.
“Se ha identificado un grupo de alumnos que tiene como objetivo estudiar para ingeniero químico porque ellos saben que con uno o dos años de estudios tienen los conocimientos para montar un narcolaboratorio”, afirmó.
Asimismo, el especialista dijo que hay casos de estudiantes en Ciencias Criminológicas que se han dedicado a asesorar a los grupos criminales.
Recientemente, mediante una tesis de licenciatura, “se encontró que hay estudiantes que tienen como proyecto de vida terminar la preparatoria para ingresar a sus estudios en Derecho para defender a los grupos criminales, porque saben que hay dinero, que pagan muy bien y hay empleo”, reconoció el académico.
Según Magaña, también hay jóvenes mexicanos con títulos de licenciatura o posgrado en el extranjero que trabajan para el crimen organizado.
A decir de él, son jóvenes con alto nivel académico que sirven como “cerebros” de los grupos delictivos para lavar dinero.
El proyecto nacional, según Magaña, “está destruido y toda la estructura de los mercados laborales están colapsados; al no haber empleo, la gente busca donde sí le están dando ingresos”, finalizó.
Ve la entrevista
Imprime esta noticia











De hecho el fenómeno es impactante también en los jóvenes que cursan el bachillerato. En regiones fronterizas, alumnos de preparatoria sirven como “burreros” o “mulas” en el transporte de estupefacientes a través del desierto.