Miércoles 28 de septiembre de 2011
Por Lydia Álvarez Camacho
En marzo de este año, el hijo de Javier Sicilia fue asesinado por criminales al mando de “El Negro” Radilla, el mismo que enseñó al “Ponchis”, el niño sicario, a decapitar personas. Desde entonces Javier Sicilia, se ha convertido en una especie de referencia moral para el mundo académico. “Estamos hasta la madre”, “Fuera el ejército de las calles”, “Renuncia de Genaro García Luna” han sido algunas de sus consignas más escuchadas.
Javier Sicilia es un poeta y se describe a sí mismo como un hombre de fe. Desde el arresto del “Negro” Radilla, empezó a hablar de la posibilidad de perdonarlo. A la vez que menosprecia el trabajo de las Fuerzas Armadas, ha apelado frecuentemente a la consciencia de los criminales, pidiéndoles que recapaciten y declarando que ellos también son víctimas de un sistema social que les falló.
En el mundo académico es casi dogma de fe que Felipe Calderón es un presidente criminal y que Javier Sicilia tiene la razón en sus críticas. Cuando yo expreso mi muy discordante opinión, (por ejemplo, mi admiración hacia el Teniente Coronel Leyzaola), ésta es por lo general descartada como producto de un conservadurismo de mi parte. Se supone que yo no “he leído lo suficiente” que “no estoy enterada de que la criminalidad es un problema de fondo”.
La verdad es que, aunque no me lo quieran creer, durante mi juventud leí lo mismo que leyeron todos los otros izquierdistas. Sin embargo, después empecé a leer otras cosas y, más importante, empecé a reflexionar sobre ellas. Eso me dio una visión muy distinta de las cosas. Entre estas lecturas se encuentra la triste historia de Jack Abbott, que quisiera contarles porque estoy casi segura de que ustedes no la conocen.
Jack Henry Abbott nació en 1944 en Michigan, hijo de un soldado irlandés y una prostituta china. Sus primeros años los pasó en hogares adoptivos provisionales donde siempre tuvo problemas de conducta y de algún modo, al cumplir 16 años, ya estaba en el Reformatorio.
Justo al cumplir la mayoría de edad, fue condenado a cinco años de cárcel por falsificación, pero tres años después apuñaló a un compañero preso, por lo que su condena aumentó. Seis años después, escapó de la cárcel y asaltó un banco, lo que le añadió más años a su condena y estaba destinado a pasar buena parte de su vida en prisión.
En 1977, Jack Abbott empezó a escribirse con Norman Mailer, quien estaba interesado en escribir sobre la vida en prisión. Para quienes no lo sepan, Norman Mailer era un reconocido escritor norteamericano, al nivel de Truman Capote. Jack Abbott le mostró a Mailer su manuscrito “En el vientre de la bestia”, donde criticaba la deshumanización del sistema penitenciario. Mailer quedó fascinado por el talento de Abbott para la escritura, le ayudó a publicar su libro y se volvió su patrocinador para que pidiera libertad condicional.
En 1981, Jack Abbott salió de la cárcel. Norman Mailer se lo llevó a vivir a su casa y le estaba buscando un trabajo. Se convirtió en una celebridad en los círculos literarios de Manhatan. Apareció en un popular programa de televisión y la revista Rolling Stone lo entrevistó. No había más que elogios para su libro y una crítica muy favorable estaba a punto de aparecer en el New York Times. La sociedad que lo había encarcelado, ahora estaba de su lado. ¿Qué haría Jack Abbott a continuación? ¿Ustedes se lo imaginan?
Seis semanas después de salir de la cárcel, Jack Abbott andaba paseando por las calles de Manhatan, en compañía de unas admiradoras. De repente, le dieron ganas de ir al baño y trató de usar el del Café Binibon. Richard Adan, un empleado, le dijo que el baño era sólo para clientes. Jack Abbott lo convenció a acompañarlo aparte, porque le iba a decir algo y… lo apuñaló en el pecho. Después volvió con sus acompañantes y siguió su paseo como si nada hubiera pasado. Irónicamente, la crítica de su libro en el New York Times apareció justo al día siguiente.
Pronto se supo de su nuevo crimen así que Abbott anduvo prófugo por un tiempo, pero finalmente fue arrestado y se le añadieron quince años más a su condena. Jamás mostró ningún arrepentimiento por sus acciones y siempre aseguró que todo era culpa de la sociedad que lo había deshumanizado desde que era muy pequeño. A su nuevo juicio por homicidio acudió otra de sus fervientes defensoras, la ahora ganadora del oscar, Susan Sarandon. Por cierto, el hijo mayor que tuvo con Tim Robbins se llama Jack Henry Abbott Robbins.
Se ha dicho que la principal aportación de Jack Abbott fue ponerle fin al romance entre la academia y la criminalidad. Otros opinan que si bien lo debilitó un poco, de ningún modo le puso punto final. Yo veo a Javier Sicilia y no puedo dejar de pensar en Norman Mailer. Su oferta de perdonar al “Negro” Radilla si manifiesta “genuino arrepentimiento”, me pareció fuera de lugar. En todo caso, debería ser el “Negro” Radilla quien tomara la iniciativa en el asunto, no Javier Sicilia.
Y bien, no es que no debamos ser conscientes de que la pobreza y la marginación son el caldo de cultivo para la delincuencia. Eso es verdad y claro que debemos trabajar para mejorar las condiciones de nuestra población. Sin embargo, eso es muy diferente a que creamos que el proceso de creación de un delincuente es fácilmente reversible y que en nuestra creencia tomemos decisiones equivocadas que permitan a estos delincuentes hacer mucho más daño a la sociedad.
Encontré este sitio para comprar el libro de Jack Abbot http://zapateneo.net/es/bazterketa-soziala-eta-errepresioa-exclusion-social-y-represion/1156 “Las memorias descarnadas de un preso militante estadounidense”, dice la descripción. Ahora que ya conocen la historia quizás lo puedan leer con otra visión. Quizá puedan quitarse esa idea que ronda por nuestro ambiente de que ser bueno para escribir te concede superioridad moral. Quizás puedan superar esa persistente inocencia académica.
lydia@iing.mxl.uabc.mx
Instituto de Ingeniería, UABC Mexicali
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Creo en el perdón, pero no en la justificación o en eximir a alguien de la consecuencia de sus actos. Si el señor Sicilia quiere perdonar al asesino de su hijo esta en todo su derecho, pero eso no debe de eximirlo de cumplir su castigo por haber quebrantado una ( o muchas)ley, uno de los errores mas grandes que hemos cometido como padres y como sociedad es “disculpar” las faltas de nuestros hijos y nuestros semejantes y eso nos ha llevado a el punto donde nos encontramos. Sr. Sicilia de todo corazón deseo que encuentre el perdón en su corazón para que sus heridas sanen, pero como parte de esta sociedad exijo castigo a quien quebrante las leyes que la rigen.